Dada la situación crítica de nuestro planeta, el auge de artículos llamados ecológicos está a la orden del día y es una realidad.
En los últimos años han proliferado palabrejas nuevas de significado difuso, y un montón de etiquetas verdes a las que uno no sabe muy bien si hacer caso.
Ante la vorágine de términos aparentemente iguales asociados a todo tipo de productos, es normal que el consumidor y las propias marcas nos sintamos confundidos. Con el añadido de que tampoco tenemos muchas posibilidades de comprobar la veracidad de tal o cual etiqueta.
En principio, las certificaciones oficiales están auditadas por organizaciones que aseguran y garantizan que dicho producto cumple la normativa y/o característica de calidad que promulga la etiqueta. Véase: vegano, eco, orgánico…
Sin llegar a centrarnos en normativas ni informes, y advirtiendo de antemano que este no es un artículo de investigación, ¿Qué hay detrás de todo eso que se tilda como eco o sostenible? ¿Es lo mismo?.
Mi objetivo con este post no es tanto ilustrar al lector, pues sería demasiado pretencioso por mi parte, sino compartir algunos de los conocimientos que he ido adquiriendo en el proceso de creación de mi marca, y expresar también mi punto de vista al respecto.
Como diría Paco Umbral: “¡Yo he venido a hablar de mi libro!”
Si logro con ello aclarar alguna duda, me daré más que por satisfecha.
A día de hoy, se acuña el prefijo eco a aquellos artículos cuyo proceso de producción supone un impacto ambiental menor que la producción de su homólogo no eco. Es decir: tomate ecológico vs no ecológico.
Pero qué ocurre cuando hablamos de algo creado por pura acción humana? Un objeto decorativo, prendas de ropa o calzado ¿pueden fabricarse unos zapatos ecológicos para mujer? Veamos:
Tomemos como ejemplo una camiseta.
Una camiseta de algodón orgánico es más ecológica que una de algodón “normal”. Lo pongo entre comillas porque de normal tiene poco.
La planta del algodón ha sido tan modificada por el hombre que sería más acertado llamarlo “anormal”. Pero bueno, sabemos a qué nos referimos. Hablemos mejor de algodón convencional.
El algodón convencional es aquel que se cultiva de manera intensiva. En campos de monocultivo, quebrando así la biodiversidad del lugar y forzando a mantener las cosechas a base de pesticidas y sistemas de regadío artificial que consumen mucha agua.
El algodón orgánico es aquel que se cultiva salvaguardando el terreno de origen, con rotación de cultivo, por lo que se mantiene y protege la biodiversidad nativa y es posible prescindir de pesticidas y otros agentes químicos.
Por tanto, podemos considerar -a priori- que la camiseta de algodón orgánico sí es más ecológica que aquella otra fabricada con algodón convencional. Amerita pues, etiquetarla como eco.
Ahora bien ¿esto le convierte automáticamente en un artículo sostenible? Aquí entra el debate.
Según la UNESCO, la sostenibilidad se define como “la satisfacción de las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.
Siguiendo este criterio, si esa camiseta se ha fabricado en Bangladesh y tiene que recorrer miles de kilómetros para llegar al punto de venta… ¿Es un artículo sostenible? En mi humilde opinión, no lo es.
Por muy orgánico que sea el algodón.
Para hablar de sostenibilidad de una prenda, no sólo hay que tener en cuenta lamateria prima, sino los procesos de producción, transporte y distribución, ciclo de vida del producto y el factor social. Es decir, la mano de obra.
¿Y yo como consumidor, cómo voy a conocer esos procesos de producción o si la fabricación de esa prenda respeta las condiciones laborales de los trabajadores?
Ciertamente es difícil saberlo. A pesar de que las marcas ofrecen cada vez mayor transparencia al respecto, hay datos a los que es muy difícil acceder.
Pero sí disponemos de buenas pistas para sacar conclusiones que pueden ayudarnos a orientar nuestra decisión de compra hacia un lado u otro. En definitiva, tener más criterio a la hora de seleccionar lo que compramos.
La pista principal es el precio.
¿Cómo es posible que una prenda que tiene que soportar el coste de dar la vuelta al mundo en su ciclo de creación, cueste menos de 5€ en una tienda en Europa? ¡¡¡Y al precio que está ahora la gasolina!!!
La respuesta la sabemos. Un C.P.(coste de producción) irrisorio. Que sólo puede lograrse en un sistema de producción en masa, basado en volumen (cantidad y no calidad) y en condiciones laborales muy precarias. Está claro que alguien paga el pato.
Será de tejido orgánico y ecológico, pero sostenible socialmente lo dudo mucho.
El precio es pues, un buen chivato para cuestionarnos el artículo que tenemos delante.
Observar el número de unidades que existen de esa prenda.
Si estamos en una tienda pequeñita o marca propia,donde sólo ofertanuna unidad por talla, eso nos puede dar bastante fiabilidad. Evidentemente no es factible hacer una tirada de 6 camisetas en China. Es más, el propio fabricante te diría que matarile.
Las producciones limitadas de pocas unidades, se confeccionan en talleres nacionales de cercanía, lo que suele ir asociado a condiciones laborales y medioambientes más respetuosas.
La exclusividad responde a un modelo de producción no masivo, centrado más en la calidad y el diseño, que en la cantidad.
Materia prima
El algodón orgánico será siempre más eco que el convencional o que las fibras sintéticas. Pero como venimos hablando, centrarnos en la composición como indicativo único, no garantiza la sostenibilidad de una prenda.
El etiquetado
Si realmente tenemos voluntad de consumir de una manera más responsable, debemos acostumbrarnos a mirar las etiquetas y saber interpretarlas. El made in, composición y precio van de la mano, pues los primeros condicionan irremediablemente al último. Estos parámetros han de ser coherentes. Si no lo son, algo falla.
Sentido común
Mecanismo de filtro fundamental. Éste será el que nos ayude a deducir la coherencia entre el etiquetado y el PVP.
Si esa camiseta que te llamó la atención porque viste ORGÁNICO en algún lugar de la etiqueta, tiene un precio sorprendentemente bajo y es made in un país muy lejano al punto de venta donde tú la has encontrado, el sentido común ha de decirte que no. No estás ante un artículo sostenible, at all.
Quizá esa camiseta (¡qué afán de protagonismo!) puede ser un artículo sostenible en una tienda de Bangladesh, pero no en Burgos.
El sentido común nos dirá que el proceso de fabricación de esa prenda está sujeto a un modelo de producción cuyas consecuencias estamos sufriendo todos y un planeta que agoniza.
El sentido común ha de recordarnos que mientras sigamos consumiendo de la misma manera y no modifiquemos nuestros hábitos de compra, perpetuamos ese modelo. Que es precisamente, el que pone en jaque la condiciones óptimas de vivencia y supervivencia de las próximas generaciones.
Lamentablemente el sentido común no es algo que abunde en estos tiempos. Alguien cercano dijo una vez que “cada uno tiene el suyo”. Lo que parecía una paradoja y desató unas cuantas carcajadas a los presentes, descubrí con los años que era una gran premisa.
Así que, aconsejada por mi sentido común establecí los pilares de mi marca y mi proyecto con el firme propósito de ofrecer un producto sostenible,y poder definir los Otijane como unos zapatos ecológicos para mujer.
Mi pilar base es un producto Libre de sufrimiento animal.
Mis zapatos no son de piel.
Sin cuestionar las extraordinarias propiedades de la piel -que las tiene-, sacrificar a un animal nunca me parecerá ecológico, ni sostenible, ni ético. Mucho menos darle una vida miserable en una granja.
Encontrar un buen sustituto a la piel no es fácil, lo reconozco y lo he padecido. Para ello, he llevado a cabo una búsqueda rigurosa de materias alternativas que garanticen la calidad del producto.
Los materiales elegidos son materiales certificados y de mínimo impacto ambiental. Tengo en cuenta la composición, el proceso de fabricación de los mismos, la procedencia y el compromiso ambiental de nuestros proveedores.
Apuesto por la proximidad y KM0 con proveedores nacionales, y aprovisionamiento local. Pequeños productores de la provincia de Alicante, que es donde fabrico de manera artesanal.
Fabrico bajo pedido. Sólo se fabrica aquello que se vende.
De esta manera se reducen muchísimo los residuos y se minimizan excedentes. No acumulo stock. Un sistema de fabricación que caracteriza y diferencia a Otijane y que representa una apuesta al cambio.
Soy consciente de que es una fórmula arriesgada que no podría ser viable si fabricara de manera industrial, ni tampoco sin la confianza de las personas que como tú, creen que las cosas pueden y deben hacerse de otra manera en beneficio de todos. De los que estamos, y de las futuras generaciones.
Son los pequeños pasos los que marcan la diferencia y cuando arriesgas, esos pequeños pasos pueden convertirse en grandes logros.
Muchas gracias, y hasta el próximo post.





